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Melancolía de futuro

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Por Iván Dessau Hace siete años que vivo afuera de Argentina, y si hay algo que no extraño para nada, son los conciertos masivos. Nunca los soporté. Para empezar, no me gusta tanta gente junta. Me recuerda a enero en Mar de Ajó. Mucho menos me gustan las filas, pegotearme con torsos transpirados, hacer esfuerzos permanentes para ver el escenario a pesar de mi metro ochenta, el olor a choripán mezclado con porro, y tener que empujar para no morir. Pero mi Top Five de lo peor se lo lleva la misma pasión musical argenta. Miles de personas cantando a voz de cuello tribunero cada puta melodía, cada puto riff, hasta cada puto solo de batería. El oído absoluto y absolutista que a los artistas extranjeros les fascinaba, a mí me ponía histérico. Yo quería escuchar la música, no los gritos desaforados del pelotudo en suerte que me tocaba al lado. Sí, soy un gorila musical, ¿y qué? Pero lo más extraño, es que un impulso masoquista me hacía seguir yendo. Era un gorila, pero uno que iba ...

Vivo: Pixies en el Luna Park

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Otra vez una banda extranjera que cae embrujada bajo los hechizos de un oleee, oleee, oleeee...? En este caso fue Pixies , pero antes fueron Los Ramones, Rolling Stones, Pearl Jam, Radiohead, y así podemos seguir por largo tiempo. Un show que termina luego de dos encores tiene estatura de épico, y ni más ni menos esperaban los fanáticos de esta legendaria banda. Nico Bouvet, un amigo de la casa, es uno de ellos y compartió esa noche de camisas leñadoras transpiradas y emocionadas.

Vivo: Miike Snow en La Trastienda

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Hacía rato que no iba a ver un show con la sensación de intertidumbre con la que encaré la primera visita de Miike Snow a la Argentina. De hecho no hubo casi planificación. Un amigo iba, me pinto acompañarlo y ya. Esa incertidumbre tenía varios componentes. Sólo conocía la canción Animal como el hit dance pop de 2009 y que la banda estaba formada por un dúo de excelsos productores electrónicos (te suenan Toxic y Can`t Get You Out of My Head?), pero nada más que eso. Luego, cómo sonarían, qué tocaba cada uno, cuanta gente iba a haber, y mucho más ecteteras, estaban en veremos. Entonces si arranco la crónica diciéndoles que hubo poca gente (el viernes, no sé el sábado), que el show duró 51 minutos exactos, y que pague $150 pensarán que me fui a las puteadas. Algo de eso hubo. Pero no tanto.

Playlist: Canciones para convencer a la billetera

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Se acerca el calorcito primaveral por latinoamérica y con él los festivales de música que migran su espíritu y, por suerte, unos line up que no tienen nada que envidiar a los del primer mundo. La gran culpable de todo esto es la explosiva versión brasileña de Woodstock que deja sus esquirlas por Argentina y Chile. Hay para todos los gustos: festivales, shows en estadios cerrados, en teatros y en chicos y elegantes reductos. El tema es decidirnos a cual ir y cual dejar afuera. Porque sino o sos millonario, o sos periodista o sacaste un crédito personal.