Hurtos, por Ivan Dessau
El otro día me robaron el celular. Un sábado a plena luz del día en Recoleta. El muchacho, con los ojos inyectados en paco, blandiendo un pedazo de vidrio de una botella seguramente vaciada por él mismo, se fue lo más campante por el parque con mi celular pedorro y 30 pesos. Tan pasado estaba que ni se le ocurrió pedirme la billetera, el Ipod, el reloj... Cada vez más resignado, me dirigí al “Agente Oficial” (expresión cuasi lindante con “Gran Hermano”) a reponer mi viejo y básico LG. Pero no. Ese modelo ya no queda en stock, dice la señora, ahora tenemos equipos sólo a partir de $700.
Ajá.