Chillidos, por Ivan Dessau
Ella está caliente. Sus gemidos son continuos y chillones, y por primera vez sé leerlos. Es extraña la sensación. Por un lado me rompe soberanamente las pelotas, pero a la vez lo disfruto, un poco perversamente quizá. Nunca vi a una hembra clamar por sexo con semejante desesperación. Pero no puedo estar tranquilo en casa. La encierro en el placard y es como si la tuviera al lado. La meto abajo de la ducha y nada. En el límite del delirio, trato de introducir un cotonete en su diminuta vagina pero me rechaza rotundamente.