Una tarde en la Bond Street.
Qué linda sensación volver entrar a la Bond después de tantos años. No quiero ponerme viejazo mal, pero es inevitable. Tanto tiempo perdido ahí: música, chicas con tacos raros, zumbidos de tatuadores. A esa linda sensación, la siguió otra. Visceral. Hoy me tengo que llevar un disco de acá, dije. Y no solo eso, quiero que me lo vendan, nada de agarrar y chau. Quiero charla, conocimiento, Entre tanto año de comprar en maxikioscos musicales perdimos el arte de charlar con el disquero, de estar en sus manos e irnos con la bolsita con un disco y bastante de intriga.