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Mostrando las entradas etiquetadas como Columna de Ivan Dessau

Goleta, por Ivan Dessau

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Goleta! te veo irte lentamente escupiendo humo por el culo con esa tos de carcelario

Caras y muecas, por Ivan Dessau

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Como viajaba mucho, hablábamos por skype a toda hora y de todas maneras pero el skype, el puto skype trajo consigo nuevos problemas el primero es que se cortaba, era una mierda y el segundo es que por eso, más que amor, skype generaba peleas.

Inspirado en canciones (III), por Ivan Dessau

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Hoy: “Girl, you´ll we a moman soon” (Neil Diamond) Eras mi gran amor imposible por una sola y fatídica razón tenías once años pero decidí que valía la pena esperarte girl, you´ll be a woman soon

Un gol sin festejo, por Ivan Dessau

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Siviski, el ruso uno rubio, con mucho pelo allá por el 87’, u 88’, creo jugando en independiente, contra san lorenzo hizo el gol más triste que recuerdo no por feo ni porque fue en contra, o de descuento fue triste simplemente porque fue un gol sin festejo

Inspirado en canciones, por Iván Dessau

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Hoy: Preso en mi ciudad – Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Un cuarto angosto. Frío. Techo alto. Baldosas de azulejos. Suena un tango a todo volumen en una radio apoyada sobre una mesa. La música -y luego las voces- producen un eco por la acústica del lugar. Dos personas. La primera, a la que llamaremos X, está de pie, vistiéndose. La otra, a la que llamaremos Y, está desnuda y atada a una cama. X: Te amo. Y: ... X: Por eso te hice el amor. Y: No me hiciste el amor. X: Los actos por la fuerza también son actos de amor. Y empieza a lagrimear.

No podés ser tan poco serio, por Ivan Dessau

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Yo tenía veinte años y empezaba a trabajar. Él andaba por los treinta, y una mañana, yendo para el Sparkling, me dijo:   -No podés ser tan poco serio.

La red social vergonzosa, por Iván Dessau

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Impulsado por un amigo, me armé un perfil en la red social vergonzosa. Claro está que no hablamos de la red social establecida, esa que factura millones, domina al planeta y maneja la CIA. No. Hablamos de una red social más, digamos, lumpen. Hablamos de una red social más, digamos, para cojer. El conurbano hecho web.

John Merrik, por Ivan Dessau

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Hay canciones que podrían ser escuchadas como obras de teatro. “John Merrik” es una de ellas.

Cotonete espacial, por Ivan Dessau.

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Es extraño pensar que hasta hace no mucho tiempo, escuchar música era un privilegio para algunos pocos. Me refiero a esa época en que la incipiente radio se dedicaba principalmente a la difusión de noticias, y tener un winco era como tener hoy un Audi. Supongo que en ese contexto, para la gran mayoría, la única opción para escuchar música era acercándose a ella, yendo a los salones de baile, a las cantinas, a los teatros.

Hija de puta, por Ivan Dessau

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Hija de puta. Me abandonaste. A mí. A mí que te di todo. Te rescaté de este patético hogar de adopción. Te cuidé. Te mimé. Te di la lechita. Te limpié la mierda. Te dejé entrar en mi cama. Te llevé al doctor cuando te salieron esos zarpullidos horribles. Hasta fuiste mi musa en dos posts de esta columna, Chillidos y Cazadora . ¿Y todo para qué? Para que te vayas con la parejita gay del piso de abajo. Tracionera. Sucia. Malparida.

Granos y separaciones, por Iván Dessau

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Si crees, es porque creas. Si no creas, no te quejes por no creer.   Apenas vi que me había salido un grano en la nariz, supe que tenía que separarme. Lo supe así, simple, irreversiblemente. Fulminante como un rayo. Imprevisto como un grano. Te parece una estupidez. No me importa, yo sé que fue verdad. Porque lo sentí profundamente, y ninguna estupidez se siente con profundidad. Al amable que sigue leyendo, le digo, para mí los granos son traumáticos como las separaciones. Suelen venir de la mano. Pero no es con cualquier grano. Sólo con este. Es crónico. Sale en el mismo lugar desde hace 15 años. La misma edad en que sufrí mi primer separación. El grano era, es, rojo, grande, ubicado en el centro de la nariz. Sin pus, una especie de extensión colorada que va expandiendo su territorio con el correr de los días. Y no me vengan con giladas de cosmetología, su aparición no supone razones dermatológicas, ni alimenticias. Tengo muy claro que este grano es una maldición, un tormen...

Esquinas terminales, por Ivan Dessau

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Mi primer despedida fue perfecta. Yo tenía 16 y vos 19. Estábamos en la terminal de ómnibus de Puerto Madryn. Vos subida al micro, mirándome desde la ventana. Yo, agitándote un ridículo pañuelo para hacerte reír. En tu mirada estaba todo: amor, nostalgia, complicidad, resignación, hasta agradecimiento. Una mirada poética, que aceptaba el fin de las cosas con alegría. Porque vivíamos en distintas ciudades, y con bastante lucidez para la edad, no creíamos en los amores a distancia. Por eso fue perfecta. Porque desde el principio supimos que era inevitable.

Los Quietos, por Ivan Dessau

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Escribo esto como una forma de alivianar mi bronca e impotencia. Hacía rato que no me sentía tan estafado, quizá porque esta vez, los que me estafaron no fueron pungas profesionales sino músicos que admiro. O admiraba.

Primera vez, por Ivan Dessau

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Pasa el tiempo y las sorpresas son cada vez menos sorpresivas. ¿Cómo combatir a ese implacable monstruo llamado aburrimiento? La respuesta parece difícil pero no lo es. Simplemente hay que volver a buscar la primera vez. De lo que sea. Tengo guardadas en mi memoria miles de primeras veces. Buenas, muy buenas, malas y patéticas. Pero siempre imborrables.

Presagios, por Ivan Dessau

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Los presagios son así, ocurren y uno no los entiende hasta unos cuantos años después. Más cuando sólo tenés nueve años.

Top of the world, por Ivan Dessau.

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A mi generación algo le pasa. Y es que no le pasa nada. El alto precio de perder los sueños y ganar cinismo. Somos unos cínicos, reconozcámoslo. Siempre me llamó la atención esta palabra, aún antes de entender su significado. Me gustaba su sonido. Y hoy, paradojas del destino, es la que elijo como compañera en mi actitud hacia la vida. Alguna vez leí: “Cínico: ser despreciable que ve las cosas como son y no como deberían ser”.

El Houseman del Tango, por Ivan Dessau.

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Prólogo; ¿Qué es lo peor que te puede pasar en un concierto? Espacio libre de nachos fundidos en plástico "amarillo" con olor a cheddar. En un concierto nadie abre un envoltorio de chocolate, porque nadie lleva un chocolate a un concierto. El celular sí. No está bueno estar escuchando el áspero encanto de un violín y que a alguno se le active un ringtone de Los Piojos a todo volumen. Pero hay algo peor que el pánico a un celular con Damas Gratis . A Iván le pasó.

Una góndola llamada Quilmes Rock, por Ivan Dessau

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Cuando un colega me ofreció su entrada al Quilmes , no lo dudé. Primero porque era gratis, segundo porque no tenía plan para el sábado y tercero porque hacía tanto que no iba a un festival, que necesitaba saber por dónde iba la cosa hoy. Nunca fui fan de los recitales multitudinarios, aunque he gastado varias toppers en ellos durante mi juventud. Es gracioso ver cómo los que pasamos los 30 notamos el paso del tiempo en estos detalles. No pintamos canas ni panza, pero recordamos esas caravanas con cierto dejo de nostalgia. Qué patéticos!

Cine de Terror, por Ivan Dessau.

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Cuando era chico tenía un amigo que creía vivir en una película. Incluso en situaciones tan cotidianas como cederle el asiento a una vieja, él se veía como el héroe, el protagonista irresistible de un guión escrito por él mismo. Cuando nos despedíamos en alguna esquina y se iba caminando solo, sé que imaginaba la cámara tomándolo desde mi ángulo, con una bandita tipo western, los títulos finales y un lento fundido a negro. Cada vez que veo a los yankis, me hacen acordar a mi amigo. Con la diferencia de que ellos no tienen 12 sino 250 años, y su narcisismo es mucho más peligroso. Desde aquel lejano debut con un boludo saltando en una cama elástica como si estuviera en la Luna, siempre usaron el cine, real o ficticio, para mostrarse como los héroes libertarios que nos salvan de los malos nazis comunistas perversos terroristas.

Hurtos, por Ivan Dessau

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El otro día me robaron el celular. Un sábado a plena luz del día en Recoleta. El muchacho, con los ojos inyectados en paco, blandiendo un pedazo de vidrio de una botella seguramente vaciada por él mismo, se fue lo más campante por el parque con mi celular pedorro y 30 pesos. Tan pasado estaba que ni se le ocurrió pedirme la billetera, el Ipod, el reloj... Cada vez más resignado, me dirigí al “Agente Oficial” (expresión cuasi lindante con “Gran Hermano”) a reponer mi viejo y básico LG. Pero no. Ese modelo ya no queda en stock, dice la señora, ahora tenemos equipos sólo a partir de $700. Ajá.